Ví un nuevo cielo y una nueva tierra

Estando ya casi al borde de mi cansancio, paciencia y esperanza, los he visto, sí, cuando ya pensaba que no iba a poder disfrutar de esa manifestación: un nuevo cielo y una nueva tierra.

He visto la nueva generación, la última, la que lo renovará todo, conforme al poder de quien es todo lo que existe, al Rey del universo. A Él pertenece todo y todo tiene su consistencia en Él. Y Él ha enviado a sus mensajeros y les ha dado órdenes precisas y certeras sobre lo que habrá de venir y cómo será la transformación final. Para ello es preciso que ese cambio se opere en aquellos que aún andan indecisos, como entre dos aguas, y en vez de lanzarse a nadar y bucear tan sólo se contentan con estar a remojo, seguros en su mediocridad y comodidades.

El juicio último sólo le corresponde a Él, por eso nos ha pedido silencio a todos, como ya lo pidió en repetidas ocasiones cuando estuvo antes por aquí, hace tiempo. Que nos miremos antes de juzgar la situación. Que recordemos Su vida y Su palabra. Algunos lo saben y no lo tienen ya en cuenta, otros se han olvidado, e incluso hay quienes ponen en duda hasta su misma existencia y el cumplimiento de sus promesas. Pero ya ha sido anunciada Su Venida, y los que permanezcan con las luces encendidas, unos pocos que harán como de pista de aterrizaje a su llegada, Le recibirán con júbilo y alegría. Los demás, en su actitud necia y negligente se perderán lo mejor: estar preparados dignamente y acogerle como se merece.

Juan me ha ido contando todo esto y confío en su testimonio, porque se que es verdadero. Sabe de alturas y de profundidades más que muchos, más que casi todos, y me lo ha demostrado varias veces. Me ha dicho también que ese nuevo cielo y esa nueva tierra requieren una naturaleza renovada por una nueva humanidad. Y que esa sólo puede surgir en la esperanza activa del encuentro cotidiano con El que hace nuevas todas las cosas. ¡Qué alegría más grande que todo eso se cumpla!

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¿Volando sin fin?

Pocas veces me detengo. Normalmente vuelo, para ver, para mirar, … No me canso, porque volar me mantiene vivo, y si no volase quizá algún día se me olvidaría de hacerlo. Cuando me detengo al principio parece que todo el mundo se para durante un momento. Y así puedo ver el conjunto de los factores, de cada circunstancia.

Ayer comencé el día, por la madrugada, viendo una panorámica de horizonte donde apenas distinguí la separación entre las nubes y la tierra. En medio de esa neblina, o bancos de niebla, estaba cada uno de los elementos más constitutivos del paisaje. Luego a la tarde fueron subiendo las nubes y formaron una especie de trono y por encima y alrededor un hueco, por donde salió, espectacular,… ¡el sol!  Y por la noche, ya disipadas las nubes, ví como si multitud de pequeñas estrellas brillaran, como iluminando particularmente, a cada uno de los seres que quedamos debajo.

Hoy, sin embargo, ha ocurrido algo curioso. Amaneció todo cubierto de nubes negras… y, al poco tuve que guarecerme en una roca, porque se puso a llover tanto y tan fuerte, que el cielo parecía como llorar de continuo en una pena inconsolable. Intuí que la naturaleza entera, yo mismo, con dolores de parto gemimos porque nos sabemos esperando la manifestación de un cambio, de una conversión multitudinaria y plena de los hombres, para reconocer, por fin, el sentido de todo, de aquello que vemos todos los días, de este paisaje que contemplo, volando o quieto,… ¿Para cuándo se hará realidad? ¿habré de estar volando sin fin buscando la respuesta o lograré hallar la perspectiva adecuada o el lugar más idóneo?

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Un punto de vista diferente

No es que sea muy alto. Tampoco es que me gusten las alturas. Me he subido hasta aquí para contemplar mejor todo, desde la distancia, y quizá más profundamente también, con cierto grado mayor de objetividad, contemplando todo en su contexto, y dando tiempo al tiempo.

Se respira tranquilidad. No hay prisa por ver, y menos aún por contemplar detenidamente cada aspecto de la realidad y de todos los factores que la constituyen.

No me creo ni mejor ni peor para ver, para mirar, para incluso juzgar llegado el caso, porque también de la misma manera me veo, me miro y me juzgo. Con distancia, con tiempo,… Desde arriba, desde una cierta distancia, parece que se ve mejor todo. Y es que en el fondo la realidad siempre es positiva.

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